sábado, 4 de febrero de 2012

Las cosas por su nombre

Me permitirá el amable lector que comience esta pequeña disertación con una frase con la que, cuenta la leyenda, el General Franco obsequiaba de cuando en cuando a sus ministros: "Haga como yo, no se meta en política"

¿He dicho General Franco? Mierda, quería decir "Dictador", debe ser que me estoy impregnando de esa costumbre que se está apoderando de este país de no llamar a las cosas por su nombre.

El recientemente fallecido Fraga Iribarne fue venerado en su entierro como "padre de la democracia" por los asistentes a su sepelio. Si ellos lo dicen deben tener razón, pues representaban a la flor y nata de la vida política de este país y ya se sabe que los políticos no mienten sean estos del partido que sean. Tal vez den una visión distinta a la del resto de los mortales, pero eso no es mentir. Sería de ciegos negar que el Sr. Fraga tuvo un importante papel en la Transición Española y  en el alumbramiento de la Constitución que otorgó a los ciudadanos de este país una serie de libertades que la dictadura se pasó por el forro de los cojones durante 40 años, pero más de ciegos es obviar que ese mismo Fraga perteneció de forma activa a un Régimen que ponía frente al paredón a aquellos que pensaba de una forma diferente a lo que se exigía.

En el año 1962 la Brigada Político Social franquista, apresaba a Julián Grimau bajo la acusación de pertenecer al PCE. Grimau que desde el final de la Guerra Civil había vivido en el exilio, fue elegido en 1954 como miembro del Comité Central del Partido Comunista lo que le devolvió a España donde viviría en la clandestinidad hasta su muerte. Tras su detención y en uno de los interrogatorios de los que fue objeto, Grimau cayó por una ventana rompiéndose ambas muñecas y abriéndose la cabeza pero conservando la vida. Fue Fraga Iribarne, en aquel momento Ministro de Información quién daría una rueda de prensa explicando el luctuoso hecho y confesando que el preso se había lanzado al vacio de una forma inexplicable. Siempre se guardó la sospecha de que habían sido sus propios interrogadores los que le habían lanzado por aquella ventana para evitar celebrar el juicio al que se le sometió, un juicio plagado de irregularidades que puso a la opinión internacional en contra del Régimen de Franco y en el que se acusó al dirigente comunista de un delito continuado de rebelión contra el Movimiento y de haber orquestado las torturas y asesinatos de una de las checas de Barcelona. Grimau fue juzgado por un Tribunal Militar de acuerdo a la Ley de Responsabilidades políticas de 1939 que se aplicaba a masones, comunistas y otras gentes de mal vivir y peor pensar y cuya aplicación contemplaba la pena de muerte en el caso de hallar al reo culpable de los delitos de los que se le acusaba. La defensa brilló por su ausencia, los testigos de la acusación apenas conocían al encausado y no se pudo probar más allá de la pertenencia de Grimau al PCE pero todo dio igual y finalmente se le condenó a muerte. La sentencia fue ratificada al día siguiente por la totalidad del Consejo de Ministros presidido por el General Franco y entre cuyos miembros estaba Fraga Iribarne y al amanecer del día siguiente Julián Grimau fue fusilado.

Puede parecer que el papel de Fraga en el asesinato de Julián Grimau fue el de un actor secundario o un convidado de piedra pero afirmar algo así sería atentar contra la verdad. Semanas antes del inicio del proceso, el Consejo de Ministros había aprobado la creación del Tribunal de Orden Público por el que los delitos políticos pasaban a ser juzgados por instituciones civiles que no contemplaban la pena de muerte en sus veredictos, lo que hubiera salvado la vida a Grimau si cualquiera de los 19 miembros del Consejo de Ministros, Manuel Fraga incluido, hubieran hecho pública aquella decisión.

En el año 2002 Izquierda Unida presentó una Proposición no de Ley sobre la rehabilitación pública de Julián Grimau. Esta Proposición recibió los votos a favor de toda la Cámara a excepción de los correspondientes al Partido Popular que se negó aduciendo entre otras razones, que rehabilitar a Julián Grimau podría significar el inicio de un juicio público a la figura del entonces Ministro de Información y fundador del Partido Popular Manuel Fraga.

Como decía al principio, yo no me meto en política. Como romantico irredento que soy, creo que la vulneración de los derechos humanos está por encima de ideologías y para aquel que rebata lo expuesto con el ardid de recordar el papel de Santiago Carrillo en según qué crímenes, he de anunciarle que el día que este muera también le hare objeto de mis apreciaciones personales.

El resto es historia. Valiéndose como muchos de uno y otro bando de la Ley de Punto Final, Ley cuyo máximo valedor no hay que olvidar que fue el PCE, Manuel Fraga fue capaz de olvidar y hacer olvidar su papel en el Régimen, participando de forma activa en la creación de esta democracia que hoy nos contempla y de la que algunos, no sin acierto, le llaman padre.

Pero es que padre es cualquiera, hasta aquel que le mete una mano de ostias a su hijo.


Fuentes: Wikipedia, A sueldo de Moscú, El País

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